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Capítulo
uno empieza con la protagonista, Lupita, repasando los actos de su día.
Está confundida porque no podía interpretar la muerte que testiguó - aún más el
asesinato del licenciado Larreaga que no parecía que ocurrió. Lupita, sin duda es mujer, preocupada por
muchas cosas, incluyendo su propio hijo muerto – con huellas de pensamientos
negativos, Lupita usualmente puede calmarse planchando. Ahora, no.
Parece que
haya gran importancia del teléfono (más que la plancha), aquí. El licenciado estaba hablando por teléfono (celular)
cuando se murió, y Lupita no podía tener éxito en contactar ni a su Padrino de Alcohólicos
Anónimos ni a los compañeros en su lista
especial, por teléfono. La relevancia de hablar, o sea comunicar y tener
contacto con otras personas abre la puerta de introducir más personajes y daría
más información sobre Lupita.
La
dificultad de ser madre – sobreviviente del alcoholismo, todavía alcohólica,
con las emociones de estar enojada (según los múltiples malditos), asustada, profundamente
confundida… triste. Al fin del capítulo,
Lupita está llorando, por la muerte accidental de su hijo en su inocencia, por la
muerte del licenciado que ocurrió sin evidencia (ni ruido, ni vista) de ninguna
bala, la muerte del control total de su vejiga (pobrecita), y yo supongo que esté
llorando por tener el deseo fuerte de tomar algo que causaría angustia también.
Podemos
decir que “a Lupita le gustaba planchar,” pero todavía no tenemos las razones
verdaderas que explicaría por qué. Vamos
a ver…
¡Hasta capítulo dos!
~Teresita
Recursos
Esquivel, L.
(2014). A Lupita le gustaba planchar.
Nueva York: Vintage Español

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